SE ACABÓ LA GIRA, 2025
Veo los subtítulos de esta escritura y me digo, siempre se está acabando, ¿verdad? Me supongo que es cierto, siempre estamos iniciando una gira -léase ciclo- o terminando una.
Esta vez la que terminó fue Vocación Verdadera 2025, una gira pequeña -o tal vez no tan pequeña, ¡siete conciertos en cinco semanas!- para conmemorar música de mujeres. Heme aquí, el domingo 30 de marzo, el día después del último concierto, ya a sabiendas de lo que sucedería pero aún así, pensando en piloto automático en qué debía de ensayar para preparar bien el siguiente concierto. Solo que no lo hay. Pensé, Tengo que escribir algo en mi blog sobre todo este proceso … y luego, No, espérate, ya tengo algo que empecé a redactar en el 2019.
Lo fui a buscar y resulta que no sólo eso, sino que ya había escrito sobre el 2019 … y luego después el año pasado, en el 2024. Parte de la historia de una maravillosa colaboración que nunca se desconectó, que sigue hasta la fecha: con la soprano Renée Bouthot.
SE ACABÓ LA GIRA, 2019
El vestido sale de su bolsa de viaje, para lavarse o -con menos frecuencia- ir a la tintorería. Las demás prendas, a la bolsa de ropa para lavar. Los zapatos -esos monísimos zapatos que compré en Toronto (¡en oferta! ¡hechos en Brasil!) porque había olvidado poner los zapatos de concierto en mi maleta (ntp, yo ya sabía que tendría que remplazar esos zapatos al poco rato …) van de vuelta al armario. El pequeño kit de maquillaje, al entrepaño de abajo en el baño.
La música sale de mi mochila de conciertos y va de vuelta al piano. De allí, al rato se archivará en mi biblioteca de partituras. Pero no todavía, de alguna manera. Me supongo que la demora tiene que ver con el aceptar que se acabó, al menos por ahora. Por lo pronto, esa música sigue sobre el atril del piano.
Se acabó la gira.
La música de ensamble de este programa que diseñamos juntas fue: Fêtes Galantes (Fiestas galanes) de Debussy (el primer libro), la magnífica musicalización que hizo Federico Ibarra (México, 1946) de Tres poemas de Federico Lorca y el igualmente magnífico ciclo Tel jour, telle nuit (Tal día, tal noche) de Francis Poulenc sobre poemas de Paul Éluard.
Yo interpreté cuatro piezas para piano solo: el cuarto Prélude de Debussy, del primer libro, inspirado en una frase del poema de Baudelaire Harmonie du soir (Harmonía del atardecer) Les sons et les parfums tournent dans l’air du soir; el primero y el último de sus Études, Pour les cinq doigts and Pour les accords ; y la espléndida pieza que Horacio Uribe me hizo el gran honor de componer para Canto de la Monarca, El viaje nocturne de Quetzalpapálotl. Hace unos pocos minutos, fui al piano y toqué todas las cuatro … porque las extrañaba. Mi cuerpo las extrañaba, mis oídos les extrañaba; mi alma les extrañaba.
¡Extraño la voz de Renée cantando Ibarra y Poulenc y Debussy!
Se acabó la gira. Ya sea fuera del país, fuera del estado, o tan solo con varios conciertos aquí merito en mi ciudad… se acabó la gira. Heme en casa ahora, con todo lo que eso implica para el retorno a cierta rutina.
Pero la música -fuese una serie de conciertos como solista o una de colaboraciones- sigue viva en mis oídos. Mi cuerpo, en toda una misteriosa serie de maneras, sigue moviéndose a sus ritmos. Mi ser entero sigue tocando esa música en tiempo real.
Todo cuanto intérprete -ya sea músico, bailarín o actor, y sin referencia al género artístico- sabe de lo que hablo. Cuando tú vives tan intensamente con algo, ya no estás viviendo CON la cosa, estás VIVIENDO la cosa. Tú y la música se habitan y se sostienen mutuamente.
Ese momento de “la gira se acabó” puede ser una transición desafiante. Es una versión a menor escala de terminar una producción discográfica, con todo su depre pos-parto. ¿Y ahora qué? A dónde me dirijo? Y moviéndose inquietamente por abajo, algo así como, Y ahora cómo compruebo mi valor?
Este año, he tenido la bendición de vivir dos maravillosas colaboraciones: con este nuevo ensamble de cámara Chimalma; y con la magnífica soprano canadiense Renée Bouthot.
Ahora, en 2024 …
Escribí todo lo anterior a finales de octubre del 2019. Fue la parte más poética: ahora es la más histórica.
En otoño del 2019, Renée y yo interpretaríamos cuatro conciertos en total: dos en Canadá en la provincia de Ontario -¡el début en Canadá de Ana Cervantes!- y dos aquí en México.
EN CANADÁ, tuvimos una semana de ensayos intensivos en el bello estudio de Renée, en su casa en las afueras de Toronto; y luego dos conciertos. El primero fue en el Heliconian Hall, ubicado en una parte antigua de Toronto. Es un recinto simple pero distinguido y elegante, con una acústica divina y un piano Steinway igual de divino. El segundo se llevó a cabo en el bello Museo del Condado de Wellington en Fergus, un pueblo también antiguo, y por lo visto tan lleno de piedra como Guanajuato. Colonial, sólo que anglo en lugar de español. ¡Un bello museo con un bello piano!
Nuestros ensayos se intercalaron con caminatas enérgicas en los senderos a un costado del río, a unos pasos de la casa del Renée. Y por supuesto -siendo este ensamble lo que es- ¡había enérgico cocinar y comer también!
Un aspecto notable de ambos conciertos fue la increíblemente cálida recepción otorgada a la música de México por nuestros públicos. Esta respuesta del público fue muy satisfactoria para nosotras dos, que tanto creemos en la música de compositores con vida y en la música de estos dos compositores en particular.
El concierto en el Heliconian Hall en Toronto fue el estreno en Canadá tanto del ciclo de Ibarra como de la pieza de Uribe. ¡Qué emoción que asistió el Agregado Cultural de la Embajada de México en Canadá … ¡y no sólo eso, resultó ser muy fan de la música de Ibarra!
El día después de nuestro concierto en Fergus, ¡tuvimos un día de descanso! Renée y yo fuimos al Puerto de Toronto, muy hermoso para mí porque pese a haber estado en esta famosa ciudad portuaria, no había estado cerca a nada de agua en todo mi tiempo allá, salvo el río a un costado del sendero donde caminábamos.
DE VUELTA A MÉXICO … la mera madrugada después, tomé mi vuelo “tecolote” (bueno: medio tecolote) de vuelta a México, donde descansé un par de días antes de la llegada de Renée apenas una semana después. Fácilmente reentramos nuestro espacio de ensayo y trabajo y luego … ¡nuestros dos conciertos en México!
El primero fue en el Festival Internacional Cervantino (FIC) aquí en Guanajuato. Ese año el Festival nos puso en la Pinacoteca del Templo de la Compañía. Fue la primera vez que yo había interpretado allí, dentro del Festival o en cualquier otro momento, y fue un regalo. La Pinacoteca cuenta con un carácter cálido e íntimo junto con una acústica cálida y resonante. Quedamos muy contentas con este concierto y el público también, de juzgar por los aplausos y la bella energía que nos regaló. El video se puede ver aquí:
RENÉE BOUTHOT Y ANA CERVANTES:
Renée & Ana FIC 2019 (en canal YT del IECG)
Claude Debussy, Federico Ibarra, Horacio Uribe, F. Poulenc
El segundo concierto se llevó a cabo unos pocos días después, en la Casa-Museo Gene Byron en las afueras de la ciudad. El lugar, un museo y galería con hermosos jardines y un muy atractivo espacio de concierto dentro de la Galería, lleva el nombre de su última dueña, la artista canadiense Gene Byron. Durante un tiempo, Byron trabajaba en Hollywood en radio y cine y luego, como muchos en la comunidad artística estadounidense, cayó bajo el autobús de la cacería de brujas del macartismo en los 50. Igual como muchos otros artistas estadounidenses exiliados de la época, encontró su refugio en México, igual como tantos artistas e intelectuales españoles que se marcharon de España cuando Franco llegó al poder. México, con su entonces presidente Lázaro Cárdenas, les dio la bienvenida con brazos abiertos. Yo tengo amigos en la Ciudad de México de que buena parte de sus profesores en la prepa llegaron a México como parte de ese éxodo. Nunca se decían refugiados, sino exiliados.
El país invitado de honor del FIC en el 2019 fue Canadá. Por lo tanto, la Embajada de Canadá invitó a Bouthot y Cervantes, como un ensamble representativo de los dos países, a interpretar un concierto en honor a Gene Byron en el espacio en que vivía y que ahora lleva su nombre. Fue un regalo para nosotras tanto individualmente como ensamble. Nuestra primera colaboración se llevó a cabo allá, en el 2017 -más sobre esto más tarde, porque fue la génesis de varias maravillas- ; y cada una de nosotras había interpretado en ese espacio incontables veces.
Hicimos un par de ajustes al programa para ponerlo a Canadá en primer plano: agregamos un grupo de canciones folcóricas de Canadá y cortamos un par de canciones del ciclo Poulenc-Éluard. Y terminamos -¿están sentados?- con la Alelúia de Leonard Cohen. Simplemente glorioso, se levantó el techo del foro.
Y ya está: se acabó la gira. Mi última actividad concertística en el 2019 fue PianoVibra. ¡Estén atentos! Mientras siga este resfriado me tiene algo abatida, estoy intentando escribir un poco.
Unos pocos meses después, pegó la pandemia COVID-19. Renée y yo volvimos a colaborar hasta febrero del 2024.
La música es un milagro: nos juntó por primera vez en el 2017; y luego de nuevo siete años después. Con Poulenc, y Brahms … ¡y ahora Bouthot! Estén atentos …